Estas semanas hemos tenido algunas novedades en nuestro día a día. Los peques evolucionan. Otro día hablaré de la lengua suelta de Cristina, que es una de las cosas que más rápidamente evolucionan, pero hoy trataré alguna otra cosa. Es que se me acumula la tarea, con tanto tiempo entre actualizaciones
Carlos y Cristina nunca han sido de muy mal comer, afortunadamente para nosotros, porque un niño mal comedor es una desesperación. Sin embargo hay serias diferencias entre ambos: Carlos es un tragón y Cristina es delicadita. Pero es que esta tendencia, que ha existido casi siempre, se está exagerando. Carlos ya come de casi todo, lo que le des por lo menos lo prueba y si le gusta (que no siempre) se lo come sin problemas. Cristina en cambio si es nuevo por de pronto lo normal es que se niegue a probarlo. La estrategia entonces es dejarselo delante e ignorarla un rato, porque a veces si piensa que no la estamos presionando para que lo pruebe, entonces es cuando lo hace, si le da la gana, claro. Otras muchas veces no, pasa de ello y no hay manera. El mensaje es algo así como "yo como lo que quiero y cuanto más queráis que prueba algo, menos lo voy a intentar". Es una cabezona de cuidado.

En este contexto, hemos empezado a desayunar todos juntos los fines de semana. Entre semana no nos da tiempo entre llevarlos al cole y prepararnos nosotros, pero en fin de semana nos molestamos en preparar la mesa con varias viandas, fruta, leche (que no toman, pero insistimos), galleta, bollos, etc, para hacerlo más entretenido y que coman con los papás, cosa que les gusta. Ahí los tenemos, Carlos con un bollo con nocilla y Cristina con galletas. Este es un ejemplo de lo que decía antes, a Carlos le encanta la nocilla, pero es que Cristina ni siquiera quiere probarla.

Otra cosa: a los peques les gusta pintar. En papel, con ceras, con bolígrafo (un peligro), en las paredes (sí, sí, un desastre de paredes que tenemos...) y también en la pizarra que Papá Noel les trajo en Navidad de casa de los titos Jose y Ana. En realidad les gusta tanto pintar cmo borrar. Aún no hemos colgado la pizarra en ningún lado, pero algún día de estos lo haremos. Es curioso que al principio a Carlos esto de la pintura (originalmente en papel) no le tiraa mucho. Vamos, que no hacía ni caso. Pero ahora le gusta mucho, más que a Cristina incluso, que le gustó desde el primer día. Se entretiene mucho, e incluso su profesora de la guarde nos dice que es el niño que más pinta de la clase.


Estos días son las fiestas de
Campanar, el barrio donde vivimos. Originalmente era un pueblo de huerta de las cercanías de Valencia pero hoy en día ha sido absorbido por la gran ciudad. Eso sí, queda el trazado histórico del pueblo en medio de la ciudad, casitas bajas y plaza de la iglesia. En esta plaza se puso el fin de semana pasado un mercadillo medieval, uno más de los muchos que se ponen con cualquier excusa en toda España, y con el fin de pasar el rato allí nos dirigimos con los pequeñajos. También vino el tito Álvaro, que es quien aparece con Cristina en la foto:

En el mercadillo compramos un xilófono para Carlos y Cristina. En muchas ocasiones nos vemos obligados a comprar "dos de cada", pero esta vez sólo compramos uno. Lo cual nos lleva a periódicas discusiones por el uso del instrumento. No son capaces de coger un palo cada uno y usarlo a la vez, no, ha de ser de uno de ellos y no se lo deja al otro. Hacemos turnos, y les obligamos a respetarlos. A ver si aprenden a compartir algún día.

Además de disfrutar de las fiestas, nos fuimos a ver a la prima Zoe y los titos a su casa. A los dos le gusta mucho ver a la prima, se le acercan con una curiosidad tremenda y un cuidado extremo (no se si piensan que se puede romper o algo así). el caso es que claro está que mucho rato no se podían estar quietos, así que salieron a jugar un rato a la hermosa terraza qe tienen los titos, y acabaron jugando con un par de taburetes que habían allí. Grandes momentos de diversión para grandes y pequeños:
Por cierto que el tito Pedro sí me envió la foto de Navidad con los Reyes Magos, pero es que la imagen del Rey Gaspar ha salido tan penosa que casi que no voy a ponerla aquí. Pobre Rey Gaspar, tanto esfuerzo para esto.
No mucho más por hoy, otro día más