
El caso es que por de pronto los peques no nos lo están poniendo difícil:
- el viaje lo hicieron en su mayor parte dormidos, Carlos al 100% y Cristina casi, sólo se despertó al final
- la cuna no la están extrañando, lo cual es normal, ya dije en algún momento que no les gusta demasiado dormirse en su cuna en Valencia, así que casi cualquier cambio va a mejor
- la agitación de ver a tanta gente les tiene un pelín descentrados, pero tampoco tanto que les impida dormir o que se tiren el día llorando
- tanto ir de mano en mano no les pone imposibles ni mucho menos, miran a la gente con carita de alucinados y poco más
- la comida, exactamente igualque en casa, así que bien
Toco madera porque esto se mantenga así durante mucho tiempo, toda su infancia si fuera posible ;-)
Quien tuvo ayer un día más estresado es la pobre Cristina, porque por la mañana su madre quiso llevarla a que le pusieran sus pendientes. Digo su madre porque lo que es yo no tenía muchas ganas de hacerla llorar para ceder ante una convención más, pero como estaba previsto, al final salí perdiendo (esta discusión de pendientes si, pendientes no, es recurrente, mirar si no este post). El caso es que mi nena está ahora con sus pendientitos puestos, aunque el rato que se tiró llorando por la operación no se lo deseo yo a mi peor enemigo.
Mañana nos volvemos a casa. Los primitos, abuelos, tíos y amigos de Albacete esperarán unos días para volver a vernos. Lo malo de estos viajes es que hay tanta gente que ver que siempre tienes mil compromisos; bueno, eso y los 2 kg de más que me llevo de vuelta a Valencia cada vez que vengo.
Os dejo que Carlos se ha despertado de la siesta y está un poco hecho un energúmeno con la abuela.